Infected Rain y Butcher Babies cerraron su gira Mutation Phase por Europa en Helsinki, y sí: fue con un broche de oro.

Con un formato de co-headliners, ambas bandas ofrecieron un show donde el compañerismo se respiraba en cada rincón. La vibra en el Ääniwalli se sentía fresca, positiva, fraternal, y los explosivos sets de estas agrupaciones —encabezadas por feroces mujeres— dejaron una energía tan intensa como conmovedora.

La noche del 28 de abril comenzó temprano, cuando Black Spikes, una banda lituana de metal moderno, irrumpió en el escenario con un show que logró que más de uno apartara la mirada del celular y dejara de lado esas conversaciones que, desafortunadamente, suelen opacar a las bandas teloneras.

Desde el primer segundo, la batería marcó el pulso y abrió paso al resto de la banda, que ofreció un set cargado de energía, con outfits teatrales, performance y momentos coreografiados que captaron la atención del público. Su sonido se mueve dentro del metalcore, con una voz versátil que transita entre registros limpios y guturales —sin llegar a lo más extremo, pero igualmente efectivos—, logrando una conexión inmediata. Una sorpresa, y de las buenas, para abrir la noche.

El turno de Butcher Babies llegó como un torbellino. Heidi Shepherd es dueña de una personalidad capaz de sostener por sí sola el peso del escenario: su presencia es arrolladora, su agresividad al cantar se equilibra con un carisma apabullante y una habilidad natural para dirigir la fiesta.

Butcher Babies llegó a elevar el ritmo. Terminaron convirtiéndose en mi acto favorito del cartel. Los gritos viscerales, los saltos, los mosh pits —con la propia Heidi en el centro— construyeron una dinámica potentísima que se sintió tanto en el cuerpo como en el ánimo de la audiencia.

Muchos saltos, contacto físico, gritos y sudor, pero también hubo lágrimas y abrazos. Uno de los momentos más especiales llegó al presentar Last December: Heidi ofreció un discurso con el alma al desnudo. Habló de aquel punto en 2019 en el que consideró no seguir adelante, y de cómo la idea de un futuro rodeada de música y de sus fans terminó por salvarla de esa decisión.

Entonces, el público levantó decenas de hojas con la leyenda “You Make a Difference”. La sorpresa la quebró por completo, emocional y físicamente. Ahí, inclinada sobre el escenario, rompió en llanto y, entre lágrimas, expresó una y otra vez su agradecimiento, mientras sus compañeros de banda la abrazaban. Fue un instante profundamente humano que dejó claro que el metal salva vidas en ambas direcciones: de los artistas hacia su público, y viceversa.

Y si esto era solo un “calentamiento” para Infected Rain, la realidad es que Butcher Babies dejó el escenario en llamas.

Para el cierre de la velada, los moldavos llegaron con toda la artillería: pantallas con visuales, humo y un juego de luces que enmarcó especialmente a Lena Scissorhands, quien se movía etérea sobre el escenario con un vestido blanco en contraste con cintas negras de cuero sobre el pecho y su imponente cabellera de rastas anaranjadas.

Su set, sin embargo, se vio ligeramente interrumpido no tanto por fallas graves, sino por una constante búsqueda de perfección técnica. En distintos momentos, Lena pedía apoyo a su equipo, ya fuera para ajustar detalles de la bajista o para acomodar el atril, lo que por instantes rompía el flujo del show, aunque también reforzaba la sensación de un control minucioso sobre cada elemento de la presentación.

Aun así, me pareció que la energía —que había alcanzado su punto más alto durante la noche— iba teniendo un descenso gradual a lo largo del set de Infected Rain. Esto no implica que lo hicieran mal; más bien cuestión de gustos y conexiones.

Y hablando de conexiones, hacia el final, Lena invitó al público a subir al escenario en un crowdsurfing en cadena que se extendió por más de cinco minutos. Entre las últimas en dejarse llevar por los brazos del público estuvo Heidi Shepherd, quien se quedó sobre el escenario para interpretar juntas The Realm of Chaos, sellando un momento de complicidad total entre ambas bandas.

El ambiente se transformó en algo cercano a una fiesta de graduación: emotivo, luminoso, con el pecho inflado de orgullo por haber cerrado la gira de esa manera. Y a juzgar por los rostros de todos los presentes, no había duda: había sido un éxito.