Hay dos cosas especialmente valiosas en una banda: el talento y la forma en que lo entregan sobre el escenario. La autenticidad no se puede fingir, y cuando ambas cosas coinciden, simplemente funciona. Eso es justamente lo que pasa con Lost Society en vivo y el sold out en Tavastia no hizo más que confirmarlo.
Mucho tiene que ver el nivel de sus integrantes, pero sobre todo la manera en que defienden su propuesta en directo, con una ambición que no se siente forzada, sino completamente natural una vez que pisan el escenario.
Lost Society mantiene ese impulso por ir más allá y a pesar de su relativa juventud, ya juegan en casa como un orgullo nacional, suenan convencidos, seguros de que hoy están exactamente donde quieren estar.
El show
Antes de que Lost Society tomara el escenario, Luna Kills preparó el terreno con una presencia que no pasó desapercibida. Ambas bandas tienen algo en común: vocalistas magnéticos. Lotta, la cantante de Luna Kills, confirma cada vez que la veo que en Finlandia se sigue haciendo metal de alta calidad, sin miedo a experimentar. Su voz, presencia y cadencia son hipnóticas; puede llevarte de una melodía envolvente a screams que desatan moshpits con total naturalidad. No solo fue una buena elección para abrir la velada, sino un recordatorio de la vitalidad actual de la escena local.











Tras ese calentamiento, Lost Society abrió con “Afterlife”, tema que da inicio a su más reciente disco Hell Is a State of Mind, irrumpiendo con fuerza y colocando la energía en lo alto desde el primer momento. Le siguieron “Blood Diamond” y “Blood in Your Hand”, consolidando la conexión con una audiencia que ya respondía sin reservas.
A partir de ahí, el recorrido fue dinámico. El setlist transitó entre distintas etapas de la banda, con un peso claro hacia su material más reciente, logrando un balance que mantuvo al público en movimiento constante. “Dead People Scare Me” aportó un momento más ligero, haciendo bailar incluso a los más cercanos al thrash, mientras que “Is This What You Wanted” destacó como uno de los puntos más contenidos a nivel emocional, con Samy Elbanna moviéndose entre registros más melódicos y otros más tensos.
Entre canciones, las pausas fueron breves pero significativas. Samy se tomó momentos para agradecer: al público, al lleno total y a la oportunidad de tocar una vez más en el icónico Tavastia. Sin embargo, más allá de las palabras, lo que transmitía era evidente en su lenguaje corporal. Se le vio emocionado, sonriente, genuinamente agradecido. Desde el inicio, con sus jeans holgados y una gorra que resistió a cada uno de sus saltos con guitarra en mano, proyectaba la imagen de alguien que ama profundamente lo que hace. Y esa autenticidad, precisamente, es la que conecta con la gente.
Esa conexión también se reflejó en lo técnico. El sonido del show fue sólido y, aunque trasladar al directo las capas más orquestales de su último disco representa un reto, lo resolvieron de forma digna. Todo contribuyó a una sensación de cohesión que hizo que la noche fluyera sin tropiezos.
Así, el concierto terminó sintiéndose como el arranque perfecto para los días de asueto de Pääsiäinen o días santos en Finlandia, pocas formas más adecuadas de comenzar una “semana santa” que sumergiéndose en la intensidad de Hell Is a State of Mind y toda la actitud del metal.
A continuación te compartimos la galería:





























