La visita de Ville Valo a México con motivo de su gira Neon Noir se desarrolló en un evidente in crescendo; su participación en el Hell and Heaven Open Air marcó el arranque de su recorrido por tres ciudades de nuestro país: Toluca, Monterrey y Guadalajara.
Fue el sábado 4 de noviembre cuando VV cerró de manera estelar el escenario dedicado a la música gótica, su setlist fue de apenas una hora y aún con algunos detalles de montaje por parte del festival, el espectáculo cumplió.
Era claro que gran parte de la audiencia que se dio cita en esa parte del lugar, lo hizo por VV, las playeras con el logotipo de él o de su antigüa banda circularon desde la tarde por la amplia sede del Hell and Heaven.
Aunque es verdad que a la hora del espectáculo, el público se compuso por fans del cantante finlandés, también hubo gente que había permanecido en ese rincón del amplio Foro Pegaso para ver a artistas como London After Midnight, The 69 Eyes o Lacrimosa.
La respuesta fue una mezcla entre euforia concentrada en ciertos puntos de la pista y una suerte de respetuosa curiosidad por parte de quienes era su primera vez escuchando al imponente cantante, un delgado individuo que no tiene que hacer más que pararse en el escenario para provocar una silenciosa o escandalosa admiración.
Monterrey
El Show Center Complex recibió al exlíder de HIM un par de días después. El lunes 6 de noviembre una fila de fans comenzó a formarse en la terraza de un complejo comercial, el acceso fue ordenado y previo al show, un grupo de asistentes pudo entrar a un apresurado recorrido por el venue.
Media hora después de las 21:00, las luces se apagaron y el VVgrama pintado en una manta negra de grandes dimensiones se iluminó de rosa en su totalidad. Comenzó entonces el recorrido de canciones que pinponeó entre las compuestas para su álbum debut en solitario y los éxitos de la que fue su banda, HIM; los ánimos fluctuaron entre puntos altos de emoción y algunos silencios atentos al artista.
En un punto del show, Ville respondió a los reclamos de algunos de los colocados en la primera fila, quienes gritaron para hacerle saber que uno de los altavoces estaba desconectado, tras una breve interacción con los quejosos, Ville retomó su setlist. Una persona del recinto apareció después para conectar el cable que parecía haber causado el desperfecto. En ese punto, ya a casi nadie le interesaban las supuestas fallas sonoras, la presencia de VV llenaba todo el lugar.
Durante la canción homónima de su disco, Neon Noir, el recinto se iluminó con palitos luminosos y tras 15 canciones, vino un encore de 4 y el cierre con la melancólica When Love and Death Embrace, pieza emblemática de su carrera y una canción que iluminó todo el espacio, visual y sonoramente. Después, las luces se apagaron dejando adivinar la posibilidad de un segundo encore que nunca llegó.
Guadalajara
El originario de Helsinki tuvo un día de descanso, retomó su gira el 8 de noviembre en Guadalajara para darle un cierre a su paso por Latinoamérica. Esta parte de la gira hizo evidente que el público de esta región del mundo tiene sus peculiaridades.
La gente de Colombia, Perú, Chile, Brasil y México fueron ejemplo de que como audiencia nunca damos los conciertos por sentado; la emoción por la visita de tu artista favorito comienza desde el anuncio de una fecha agendada en tu país, la víspera se hace eterna y el día del concierto las emociones efervescen de maneras que en otras latitudes no siempre se comprenden.
El público en Guadalajara así lo hizo, se mostró extremadamente cariñoso con Ville Valo, quien respondió a las muestras de afecto con un setlist completo de 20 piezas y diversas interacciones con los presentes.
El orden de las canciones varió ligeramente, la apertura con la instrumental Zener Solitaire abrió el telón; Echolocate Your Love cobijó el arribo del sonriente y seductor Ville Valo y desde el primer verso, el público aceptó el reto de corear nuevas y clásicas.
Por supuesto, fueron las icónicas como The Funeral of Hearts, Poison Girl, Right Here in My Arms, Wings of a Butterfly y Join Me in Death las que más alaridos consiguieron; pero para sorpresa del mismo VV, los singles de su disco solista fueron acompañados de desafinados pero amorosos coros.
Loveletting, The Foreverlost, Run Away From the Sun, Neon Noir y Heartful of Ghosts demostraron que su trabajo début sin HIM, convence. El grupo de músicos que le acompaña llegó así a más de 115 shows, graduándose con honores como la banda que tenía que acompañar a Ville en esta etapa de su carrera.
Hubo euforia, gritos incesantes, globos y pantallas de celular luminosas; en el escenario: cartas, rosas, postales y otros regalos arrojados; entre los fans, sonrisas permanentes, grititos de emoción tras segundos de contacto visual con VV, abrazos, saltos y hasta pañuelitos para las lágrimas compartidos en un acto colectivo de amor y entrega.
Ville Valo respondió a la energía, lo vivido en Guadalajara fue el digno cierre de una gira que le ha llevado por todo el mundo y que cerró en esta ciudad mexicana con fans que le han seguido por más de dos décadas, pero también con sangre nueva que se añade a un ejército de seguidores rendido ante las virtudes de su arte.
Más de uno refería ser fan de HIM y no haber podido ver nunca antes a la banda en vivo, el regreso de Ville en forma de VV les regaló la oportunidad de lograr un sueño que creían perdido. Por eso viajaron de todas partes de país, por eso gritaron, cantaron y bailaron, porque alcanzar eso que creías improbable provoca sensaciones inigualables.
El concierto fue quizá el más largo de la gira, superó los 90 minutos e incluyó las versiones extendidas de piezas como Salute The Sanguine y el esplendoroso cierre con Vertigo Eyes, una canción que el público se ganó a base de gritos que retumbaron en todo el Teatro Estudio Guanamor.
Durante el show, VV aprovechó para dar agua embotellada a sus sedientos fans (en varios sentidos) y también para presentar no sólo a sus músicos sino a su equipo, compuesto en su mayoría por profesionales que han recorrido el mundo con él para construir un espectáculo con juegos de luces magníficas y el sonido más impecable posible.
VV se fue recargado con la energía tributada por esos que encuentran en su música el refugio, el abrazo, el confort en ese universo creado por él, un universo habitado por emociones turbulentas y hermosas, dramáticas y poéticas, un mundo donde se es capaz de mutar de la tristeza a la calma, un universo donde la felicidad no es antónimo de la nostalgia.


