Noche de contrastes. Noche de bailar al ritmo de poemas minimalistas en turco, sintetizadores con alma ochentera y brazos serpenteando en una atmósfera tan densa como etérea. Una escena orquestada por un dúo que apenas se dejaba distinguir entre el humo y las luces rojas, azules y violáceas. Así regresó She Past Away a Finlandia para ofrecer un par de conciertos, el segundo de ellos en Ääniwalli, Helsinki, donde cientos de góticos, cada uno con su propia interpretación de la estética oscura, acudieron al llamado.

Volkan Caner y Doruk Öztürkcan permanecieron fieles a su esencia: cada uno ocupando su lugar en el escenario, guiando un setlist que presentó por primera vez en vivo buena parte de Mizantrop, el largamente esperado sucesor de Disko Anksiyete. El nuevo álbum llegó tras casi siete años de espera, un periodo que nunca significó silencio para la banda. Lejos de desaparecer, el dúo turco continuó recorriendo el mundo, consolidando una de las contradicciones más interesantes de la música alternativa: ser una banda de culto que llena salas en distintos continentes y que, de alguna manera, ha logrado convertirse en un fenómeno masivo dentro de lo underground.

Y quizá eso nunca ha importado demasiado. She Past Away ha construido su misticismo sobre una identidad inquebrantable. Sus claras influencias del post-punk y el darkwave de los años ochenta encuentran autenticidad en unas letras escritas exclusivamente en turco, un idioma que, lejos de convertirse en una barrera, termina siendo otro instrumento dentro de sus canciones. Incluso quienes no comprenden una sola palabra encuentran en esa cadencia una emoción que trasciende cualquier traducción.


Llegar a Ääniwalli era confirmar que habías elegido el mejor plan del fin de semana. Apenas cruzabas la puerta y daba la impresión de haber entrado al casting de una película gótica. Era una noche de elegancia oscura: maquillaje dramático, encajes, cuero, terciopelo, corsés, botas de plataforma, siluetas victorianas y referencias vampíricas convivían naturalmente entre un público que hizo de la estética una extensión del ritual.
Decir que las letras de She Past Away son poemas minimalistas parece insinuar que son tarea simple,¿qué tan simple debe ser encontrar la fórmula para transformar emociones como la desolación, el vacío, la monotonía o el desencanto en canciones que invitan a bailar? Ahí reside gran parte de la magia de la banda. Mizantrop, cuyo título hace referencia a la misantropía, profundiza precisamente en esa alienación y ese aislamiento existencial que siempre han atravesado su obra. Y hay algo poéticamente hermoso en cerrar los ojos y bailar sobre la desconexión emocional mientras, alrededor, cientos de desconocidos hacen exactamente lo mismo. Compartir la soledad termina convirtiéndose, paradójicamente, en una experiencia profundamente colectiva.
Sobre el escenario no hubo artificios innecesarios. No hicieron falta pantallas espectaculares ni grandes efectos. Bastaron la precisión de la guitarra, los sintetizadores, las bases electrónicas y la voz grave e imperturbable de Volkan para sostener un concierto que nunca perdió intensidad. Es cierto que algunos seguidores aún extrañan la presencia del bajo en vivo, pero la propuesta de She Past Away hace tiempo dejó de depender de ese elemento para funcionar. Su fortaleza está en la atmósfera que construye y en la autenticidad con la que la sostiene.
Al terminar la noche quedaba esa sensación difícil de describir: un suspiro de alivio, de desahogo. Como si durante hora y media hubiera sido posible bailar con los pensamientos más oscuros hasta dejarlos, aunque fuera por un instante, un poco más ligeros.









