¿Qué se sentirá descongelar esas emociones que hace años te impulsaron a escribir canciones, y volver a compartirlas después de tanto tiempo? Esa pregunta tuvo su respuesta en Tavastia, donde Charon agotó por segunda noche consecutiva las entradas en un regreso tan esperado como improbable.
La energía que se vivió no fue la de un simple concierto de reunión: había algo más íntimo, casi confesional, entre la banda y su público.
Apenas subieron al escenario, el Tavastia se convirtió en una muestra colectiva de cariño. La entrega de los fans era tan absoluta que parecía que los últimos quince años habían transcurrido en segundos. Entre la multitud no solo había finlandeses: también se escuchaban acentos de distintas partes del mundo, gente que había viajado expresamente para ser testigo de este reencuentro.
Pero el detalle más revelador no estuvo solo en la reacción del público, sino en el lenguaje silencioso entre los músicos. Se sonreían, se buscaban con la mirada, intercambiaban gestos que transmitían orgullo e incredulidad a la vez. Como si cada aplauso y ovación les confirmara en tiempo real que reunirse para estos shows había sido una gran idea. Esa complicidad, visible incluso desde el fondo del recinto, construyó un puente invisible entre escenario y audiencia.
La noche también tuvo espacio para el humor. Entre canción y canción, Juha-Pekka Leppäluoto bromeó sobre el paso del tiempo, incluso pidió a los más jóvenes que cuidaran a la generación que los sigue desde los 2000 y que ahora estaban ahí, enfrentando el “riesgo” de saltar como entonces.
En otro momento, confesó que estar en ese escenario les hacía sentirse como si tuvieran veinte años otra vez. Y no era exageración: clásicos como “Little Angel” o “Death can dance” o «Craving» cargaron con el peso de la memoria y sonaron con la misma urgencia que en sus años de gloria. Por cierto, incluyeron también la nueva «Fall of Angels».
Esa voz grave y profunda, enriquecida por la experiencia, llenó cada rincón del club y el guitarrista Lauri Tuohimaa lució como ese veinteañero lleno de energía que no se cansó de regalar sonrisas, miradas y guiños de gratitud.
En Tavastia, Charon no solo tocó un repertorio de culto: se permitió revivir un fragmento de historia compartida, con la fuerza de una nostalgia que se volvió celebración. Y por dos noches seguidas, quedó claro que el tiempo puede congelar recuerdos… pero nunca extinguirlos.
Te dejamos algunos videos y el setlist:


