Después de dos jornadas intensas, llegamos al último día de Tuska 2025.

La jornada abrió con una buena dosis de frescura local a cargo de Cyan Kicks. La banda desplegó una energía arrolladora sobre el escenario, con un sonido pulido y moderno que combinaba hooks melódicos con una actitud que contagió desde el primer tema.

Para esa hora, ya una multitud considerable se había reunido frente al Karhu Main Stage, y no era casualidad: lo que venía a continuación era, para muchos, uno de los actos más esperados del día. Turmion Kätilöt, los infalibles veteranos del “disco metal”, hicieron estallar el ambiente con un set absolutamente explosivo, plagado de humor, provocación y ritmo imparable.

Su presencia tan temprano en la jornada fue sorpresiva, dado su estatus de favoritos del público, pero no impidió que ofrecieran una verdadera fiesta: beats electrónicos, riffs aplastantes y un despliegue escénico que transformó Suvilahti en una pista de baile industrial donde todo —desde los trajes hasta los coros pegajosos— parecía diseñado para liberar endorfinas.

Uno de los descubrimientos más inesperados del día fue, sin duda, Kim Dracula. Llegué al show con cierta curiosidad y escepticismo —conociendo su fama viral y sus covers extravagantes—, pero lo que encontré fue mucho más que eso.

Su presentación fue un torbellino creativo: teatral, estridente y completamente impredecible. Con una mezcla caótica de géneros, actitud desafiante y hasta un saxofón que apareció entre el caos, Kim Dracula rompió cualquier prejuicio que pudiera tener. No fue solo un fenómeno de TikTok versionando a Lady Gaga; fue una propuesta sólida, provocadora y fresca, que dejó a muchos —yo incluida— totalmente sorprendidos.

Del otro lado del campo, el escenario principal se preparaba para recibir a unos viejos conocidos: Apocalyptica. Su espectáculo fue cumplidor, centrado en su ya clásico repertorio de versiones de Metallica interpretadas con cellos.

Apocalyptica es una fórmula que, hace décadas, se atrevió a revolucionar la escena del metal desde la elegancia y la osadía. Hoy, más que reinventarse, recogen con respeto ese legado que los convirtió en referentes únicos, ofreciendo un show que, si bien no sorprendió, reafirmó por qué siguen teniendo un lugar asegurado en festivales como Tuska.

Por cierto, su show también fue transmitido en vivo por Yle.

Mientras Battle Beast desplegaba su épico power metal en uno de los escenarios principales, decidí tomar otro rumbo para ver a Whitechapel. Me habían hablado mucho de ellos, especialmente de su intensidad en vivo y su reputación como una de las bandas más sólidas del deathcore estadounidense.

El show comenzó con fuerza: riffs pesados, precisión quirúrgica y la voz brutal de Phil Bozeman, que navegaba entre guturales abisales y gritos desgarradores.

Sin embargo, a pesar de la ejecución impecable, el concierto no logró cautivarme por completo. Quizá fue el contraste con el ambiente más diverso del resto del festival, o simplemente una cuestión de expectativas versus conexión personal. Técnicamente fueron impecables, pero emocionalmente, algo no terminó de cuajar. Aun así, el público entregado demostró que Whitechapel sigue teniendo una base fiel que responde con toda la intensidad que su música exige.

Aunque el domingo fue el día con menor asistencia del festival —con solo 18 mil asistentes, probablemente debido a que al día siguiente comenzaba la semana laboral—, eso no impidió que viviera mi momento favorito del día (y uno de los más intensos del festival): el show de Motionless In White.

Con una puesta en escena cuidada al detalle y una energía escénica imparable, la banda entregó un espectáculo feroz, donde cada tema era un golpe directo de actitud y emoción.

Uno de los momentos más especiales fue cuando Chris Motionless, visiblemente conmovido, se dirigió al público para decir que sus visitas a Finlandia han sido recientes, pero que tras recibir tanto cariño, ya no quieren dejar fuera al país en sus futuras giras. Fue un instante genuino, íntimo, que selló una conexión muy real con la audiencia.

Antes del cierre principal con Lorna Shore, decidí darme una vuelta por el Kvlt Stage, un espacio que lamentablemente había visitado poco en esta edición, pero que siempre guarda propuestas valiosas y distintas. Este pequeño auditorio cubierto fue el hogar de algunos de los actos más diversos del festival, y la banda que finalmente me llevó hasta ahí fue The Vantages.

A The Vantages me acerqué por una relación indirecta con una de mis bandas favoritas de todos los tiempos: HIM. Esa conexión previa hizo que esperara su show con una emoción especial, y no me sorprendió encontrar en su propuesta esa mezcla entre melancolía nórdina, guitarras envolventes y un romanticismo oscuro muy particular— que me hizo sentir ecos sutiles del love metal, pero con un giro contemporáneo y muy propio.

Un detalle inesperado (y brillante) de su concierto fue la incorporación de un cover de “Move” de TAEMIN, una elección audaz para un escenario marcado por lo oscuro y lo extremo. El resultado fue impecable: elegante, sensual y perfectamente integrado a su estética sonora. Mil kudos por atreverse y salir airosos con una versión que encendió al público. Aunque confieso, mis momentos favoritos llegaron con “Alone” y “Dramatique”, dos temas que condensan todo lo que me atrajo de la banda: emoción, estilo y una sensibilidad atrapante.

El broche final de Tuska 2025 llegó con Lorna Shore, en un show tan implacable como digno de cerrar el festival. Con una brutalidad sonora impecable, visuales infernales y una ejecución milimétrica, la banda liderada por Will Ramos arrasó con todo a su paso, llevando al público a un clímax colectivo de caos, catarsis y técnica descomunal.

Un momento que se volvió anécdota instantánea fue el caos en el foso de fotógrafos: mientras normalmente se permiten tres canciones para capturar imágenes, esta vez solo se pudo una. ¿La razón? Will invitó al público al crowd surfing masivo desde el primer minuto, y en cuestión de segundos el pit se transformó en una lluvia de cuerpos frenéticos cayendo sobre cámaras y fotógrafos. A pesar de la locura, el equipo de seguridad actuó con rapidez y eficacia, resguardando tanto a los asistentes como al personal acreditado. Un ejemplo más de cómo en Tuska, incluso en el descontrol, cada detalle está cuidado.

Durante todo el festival fue evidente la atención a la logística: había personal supervisando los aforos en distintas áreas para garantizar la seguridad y fluidez del público. Y como hermoso contraste a toda la intensidad, vale la pena destacar que ese domingo también se celebró el Pikku Tuska: una iniciativa entrañable que permite la entrada gratuita a niños de hasta 12 años, acompañados por un adulto. El espíritu familiar del evento se sintió en cada rincón —incluso había un trencito paseando por el recinto, arrancando sonrisas a pequeños metalheads en formación. Una postal perfecta para recordar que el metal, en Tuska, también es comunidad, legado y futuro.

Epílogo: El corazón del Tuska late en su gente

Más allá de los riffs, los gritos y las luces, lo que realmente da alma al Tuska es su público. Durante tres días, Helsinki se transforma: en cada tranvía, en cada esquina, puedes ver a personas vestidas con sus mejores galas metaleras —cadenas, botas, maquillaje, parches, y una actitud inconfundible—, rumbo a Suvilahti con la emoción brillando en los ojos. El festival se extiende más allá del recinto, convirtiéndose en una celebración urbana de la identidad metalera.

Dentro del festival, la diversidad es evidente: familias con niños, fans que cruzaron continentes, metaleros veteranos, jóvenes descubriendo sus primeras bandas, y personas que hacen de la música un modo de vida. Especial respeto merecen quienes aguardan en la primera fila durante horas, sosteniendo un lugar con devoción absoluta, porque para ellos esto no es solo entretenimiento: es historia personal, catarsis, fe.

Por eso, cerramos esta crónica con una galería especial dedicada a quienes hacen del Tuska algo irrepetible: los fans. Su entrega, creatividad y energía son la fuerza que mantiene viva esta celebración año con año.

Ah, y claro que no podíamos irnos sin compartirles el episodio especial de podcast que grabamos con nuestros amigos de Headbanging MX, donde desmenuzamos este Tuska 2025 con anécdotas, reflexiones y mucha pasión metalera. Pueden escucharlo aquí mismo: 🎧👇