«Risorgerò ogni momento perché so che la vita si tramuterà»- LC
Escuchar Delirium, el recién lanzado último disco de Lacuna Coil, es escuchar el esfuerzo de una banda que paró oreja ante sus detractores y sus seguidores. Una banda que logró meter toda suerte de críticas en una batidora para dar con un resultado que, si bien, no va a convencer al más trve de los metaleros, tampoco es que no le vaya a poder dar un tortazo en la boca para dejarlo callado cuando se le ocurra quejarse del «sonido soft» de ese metal sin apellidos.
Lacuna Coil es una de esas bandas que me pueden cambiar los planes.
Boleto en mano, ida-vuelta, destino: California y ¡bum!, un par de días antes de partir, me encuentro con el anuncio de que cerca del perímetro estaría arrancando el tour de la agrupación encabezada por Cristina Scabbia y Andrea Ferro. No dudé en ajustar todo para hacer de ese concierto my main plan: Cambio de fechas de viaje, permisos y nuevo métodos de escape. Todo eso sumado a adrenalina de, llegado el día, tener cancelaciones cortesía de la Aerolínea.
Con toda esa dosis de nerviosfelicidad que me dio mi aventura bizarra de fin de semana en la que se mezclaron Disneyland y un grupo de metaleros finlandeses, el día llegó.
El Concierto
The Roxy es un recinto de conciertos del tamaño del patio de una casa grande, calculo no más de 500 personas reunidas en ese espacio localizado en West Hollywood, California, el cual nos recibió con una luminosa marquesina personalizada con la advertencia de que ahí era donde tenías que estar si querías acabar bien tu noche.

Pasadas las 10:00 PM, la agrupación se encaró a su público tras un largo desfile de teloneros que contempló a las Butcher Babies.
El sonido de «Nothing Stands in our Way», fue el ideal para arrancar con un setlist que incluyó piezas de su octavo y último disco de estudio, en el que se lucieron, por igual, cada uno de los músicos.
Siguieron Die & Rise, Kill The Light y Spellbound, canciones con el denominador común de la lírica y espíritu de Lacuna Coil: fuerza, poder, soberbia de ésa que te sirve para ponerte de pie.
Luego de Victims -algo para darnos un respiro-, vino el estreno de The House of Shame, uno de los sencillos que se desprende de Delirium y en el que la voz masculina destaca por los implacables guturales de Ferro.
En The Roxy no sólo se corearon los clásicos como Heaven’s a Lie, Swamped o la inconfundible y casi siempre elegida para cerrar: Our Truth, sino canciones que se han defendido en el setlist de Lacuna Coil a pesar de que algunas revistas catalogaron sus trabajos como decepcionantes tras una carta de presentación inicial en la que Lacuna Coil se definía por sonidos más crudos y pesados.
A estos italianos ya no les hace falta convencer a nadie pero siguen trabajando como si fuera necesario, como si se tratara de su primera vez. Se producen uniformes y todo un concepto cada que lanzan un disco y arman giras atascadas de fechas por todo el mundo que explicarían, posiblemente, cómo es que Cristina mantiene esa figura atlética a sus más de 40 años.
Lo que puedo decir es que esa vitalidad de la que Cristina puede presumir proviene de algún oculto combustible capaz de encender a todo aquel que la mire y de una sencillez que la hace sentarse con sus compañeros de banda al final de un cansado concierto para todavía dar autógrafos, abrazos y un sinfín de «gracias por venir a nuestro show».
Saber que la pasión arriba del escenario puede medirse con la tuya es una sensación inexplicable, quizá no tengas más capacidades de expresarte que con esos horrorosos gritos desafinados con lo que coreas lo que te define, esos gritos que no alcanzan ni la nota más desafortunada de Cristina pero que te sirven para proclamarte, para saberte un alma comprendida y abrasada, así, con s, abrasada por la entrega y pasión italiana de un quinteto de artistas que no saben de cansancio ni mareos por la fama.
El Setlist:


