30 de diciembre
Yo también fui de esas románticas que decían “no me importa estar formada horas con temperaturas bajo cero”, pero la verdad, una vez que estás ahí parada con el termómetro marcando -12, no sientes los dedos aún con los guantes puestos y la nariz te escurre sin aparente motivo, sabes que sí, que preferirías que hubiera más opciones para alcanzar un buen lugar dentro del Tavastia.
Este año, el Helldone ofreció un paquete VIP que además de contener las entradas a cada una de las tres noches, una copa para brindar en Año Nuevo, un póster firmado por HIM, una playera, bolsa, brazalete y gafete coquetos, tenía el ansiado acceso sin necesidad de formarte y con media hora de ventaja, además de darte la posibilidad de elegir entre mirar los conciertos desde un balcón o plantarte en primera fila de la pista.
Gracias a mi amiga que meses antes llamó hasta Finlandia para poder comprar un par de esos 40 accesos, no tuvimos que padecer las inclemencias del helado Helsinki, así que aprovechamos para cenar y tomar algo en el ilves, el restaurante bar que está justo al lado.
Por ahí de las 8 de la noche, un grupo conformado por mexicanas, americanas, inglesas y noruegos, nos alistábamos para disfrutar del regreso del Daniel Lioneye & The Rollers.
Dentro, justo frente al micrófono donde estaría parado el rubio protagonista de la esperada banda, fuimos parte de la primera guerra por un lugar, sí, nunca falta la o el borracho que te pega, te grita o te maldice porque quiere estar frente a ti. Por fortuna, la mujer que juraba que tenía derecho a recuperar su sitio luego de salirse a fumar, cedió ante la presión y fue a dar hasta atrás.
Este tipo de cosas, de alguna manera, te entretienen, entre risas y comentarios en inglés, español y el lenguaje universal de las señas, de pronto, ya se estaban apagando las luces para que la magia comenzara.
Daniel Lioneye & The Rollers, esta vez con Bad Mize (Migé) en el bajo, Bil Bao (Ville) en la batería y el propio Daniel (Linde) al frente de la agrupación, se plantaron en sus puestos para ofrecernos un show breve, pero que nos alcanzó para no reprocharles su ausencia por tantos años.
La noche explotó con canciones como International Pussy Lover, Roller y la más suave de su setlist, Lonely Road. Le siguieron Never Been In Love (Till The Day I Die) y las más esperadas: Dopedanny y The King Of Rock’n Roll.
Sobre el escenario y a lado de cada uno de los músicos, estuvieron instaladas cámaras de video, esperemos que esa documentación profesional de la noche en que Daniel Lioneye regresó con The Rollers a un escenario esté disponible de alguna forma, porque lo que ahí pasó fue único, enérgico, frenético.
A decir verdad, la mayoría vamos a un Helldone para ver a HIM, pero bueno, ver esto fue más como una fantasía hecha realidad. Tienes en frente a Linde siendo el amo y dejando salir esa voz grave de su cara seria, adornada con unas patillas a lo Elvis Presley, tan negras que no le iban con lo rubio de sus rastas.

Luego tienes por allá a Migé y Ville, -habrá que decir a Bad Mize y a Bil Bao- divertidos como niños, bromeando y hasta con un asomo de nerviosismo.
La sorpresa para todos ha sido la vuelta de la alineación original de esta banda, lo que nos permitió ser parte de un hecho histórico que tuvo un público al nivel de la música que ahí se estaba tocando. Ver a tus músicos favoritos fuera de la zona de confort, por decirlo de alguna manera, con las ganas de ofrecerte algo diferente, con la chispa que de sus rostros animados salía, fue, para mí, lo que convirtió a esta noche en la mejor de las tres.

De un lado para otro iban las miradas del público, nadie se quería perder a Ville tocando la batería, con los rizos claros de su cabello alborotados y pegajosos, con unos gestos que iban de los dientes apretados a las sacudidas de sudor; tampoco podíamos dejar de ver a Migé marcando el paso, como pez en el agua o a Linde con la soltura que se le da con la guitarra puesta, aun teniendo que leer algunos versos en los acordeones que los asistentes de su equipo pegaron en el piso.

Para mi, ver a Daniel Lioneye & The Rollers fue un suceso sobre cualquier expectativa. Diría que ya podía irme a dormir a mi habitación esa noche.
Me quedé. Le seguían al line up Reckless Love y Children of Bodom. Los primeros, abrieron su presentación pasando las 10 de la noche. Mucha energía, torsos desnudos, patadas y movimientos pélvicos al aire.
Olli Herman, el rubio con cuerpo de escultura griega y esas cosas musculosas que se le marcan abajito de la cintura, enloqueció a la audiencia con su juguetona voz y le puso a la noche esa dosis de glam rock que sus compañeros, Pepe, Jalle Verne y Hessu Maxx completaron. Esos tipos no se cansan y sonríen todo el tiempo.

El ambiente fiestero y colorido de los Reckless no se esfumó y alcanzó para que la energía se mantuviera en el sitio mientras llegaba el plato fuerte de la noche, Children of Bodom.
Con una decoración nadiveña con árbol y villancicos incluidos, los Bodom llegaron con su propio Santa ante una entusiasmada audiencia que dejó de hacer lo que estuviera haciendo para atender a la potencia de los riffs de estos hijos de Finlandia.
Are You Dead Yet?, In Your Face, Scream For Silence, Mask Of Sanity, Halo Of Blood, Hate Me!, o Somebody Put Something in My Drink, fueron algunas de las canciones que compusieron un setlist poderoso que le torcía la cara a los presentes mientras coreaban esos versos de odio con todo y puños golpeando imaginariamente quién sabe qué cosa.

El propio Linde estuvo disfrutando en la zona del bar de la presentación, entre amigos y con algunas copitas felices. También, pude ver a Gas con su esposa buscándose, como buen fan, el mejor sitio para ver a los Children of Bodom, primero subieron al balcón al lado de nosotros, después se bajaron poco convencidos y se quedaron a headgangear desde la parte trasera de la pista.

El plato fuerte estaba servido, y aunque los Reckless fueron ese tiempo medio de la cena que tan rico te sabe, la verdad es que para esta poco objetiva fan clavada con HIM; Daniel Lioneye fue el postre chiquito que te comes antes que todo porque es lo más delicioso de la mesa.
Así, la noche llegó a su fin. Día de fiesta parte dos prometía un cierre todavía mejor. La culminación del Helldone estaba a menos de 24 horas por suceder. Y yo, yo me sentía como Leonardo DiCaprio en la proa del Titanic.


