“You’re a powerful army and we got each other’s back, NEVER forget that!!” –Cristina Scabbia-

Con poquito más de metro y medio de estatura, Cristina Scabbia es una de esas ironías andantes: es chiquita, pero gigante. Su compañero, Andrea Ferro, no la supera mucho en tamaño, pero, cuando se trata de cantar, es capaz de reventar con la gravedad de sus cuerdas cualquier nota que se le ponga enfrente.

Lacuna Coil no dudó en regresar a México para ofrecer de nueva cuenta un concierto en el íntimo Lunario del Auditorio Nacional. La noche del 7 de mayo y ante una compacta pero poderosa audiencia, la banda de metal originaria de Italia nos recordó a todos porqué se han convertido en un referente del rock hecho con ganas, con constancia.

Recién lanzado al mercado, “Broken Crown Halo” es el séptimo disco de estudio que ha llevado a la agrupación europea en una gira de conciertos por diversas partes del mundo. Se presentaron en los Estados Unidos de Norteamérica y aprovecharon para bajar por el continente haciendo escala en uno de los países que siempre los recibe con los brazos, los oídos y los corazones abiertos (y esta vez, con un sismo que los sorprendió en la Ciudad de México).

Lacuna Coil agendó dos fechas en nuestro país en este 2014, además de ofrecer un concierto en la capital, se presentaron en la ciudad norteña de Monterrey. Con el boletaje casi agotado para ambos shows, Cristina Scabbia, Andrea Ferro, Marco Biazzi, Marco Coti Zelati y el baterista provisional,  Ryan Folden, se encargaron de llevar a sus fans por un viaje compuesto de 19 canciones, que incluyeron éxitos de antaño y piezas que apenas están aprendiendo su camino sobre los escenarios.

Sin contratiempos y luego de una bien recibida participación de la banda nacional Matherya (sorprendentemente versátiles), los italianos se colocaron en cada una de sus posiciones con la confianza que su experiencia les da. La noche comenzó con Kill the Light, siguió con Die & Rise y Swamped y pasó por las potentísimas versiones en vivo de Intoxicated, Victims y To the Edge, esta última, una de las más saltadas por los asistentes.

Apenas los cuellos reposaban de sus intentos por headbangear al más puro estilo de los miembros de la banda, cuando algunas fallas en el sonido dieron pauta a que de entre el público se elavara una cartulina desde donde se podía leer el mensaje “Let me sing with you, it’s my biggest dream”.

“Los Marcos” fueron los primeros en percatarse y señalar a la autora que, dicho sea de paso, debió pasar un buen rato escribiendo con letra de molde su cartel. Enseguida, Cristina entrecerró ese par de ojos que miran con fuerza y cariño para alcanzar a leer y mandó a por la chica para subirla al escenario. La canción que cantaron juntas fue Fragments of Faith.

La emoción rayaba con el shock nervioso y le duró toda la canción a la chica que nadie oyó cantar, pero que bien pudimos verla abrazar a Cristina y pasear de un lado al otro del escenario con una sonrisa que no se le acababa.

Como ese gesto hubo más, Scabbia respondió al grito de uno de sus fans que le mostraba un cráneo negro de regalo y bajó a recogerlo de manera personal, contestó saludos de un grupo de personas que estaban colocados en la parte lateral del escenario con un preocupado “¿pueden ver bien desde ahí?”, y tomó entre sus manos cada obsequio que le acercaron, dando siempre las gracias.

Entre Zombies, Heaven’s a Lie, Fragile, Upsidedown y la nueva y profunda Hostage to the Light, Lacuna Coil no paró de dar una cátedra de humildad y camadería con sus seguidores. Cristina, incluso, aprovechó para decir que le encanta estar al pendiente de todos en sus redes sociales y con un mensaje que hizo callar a la mayoría, les pidió mandar al diablo todo lo que les preocupara, deshacerse de pensamientos de esos que pesan y no dejan ser.

Entre sonrisas encantadoras y suspiros fallidamente controlados, la italiana de cabellos lagos, negros y alborotados, levantó la mirada y cerró su puño derecho para gritar y hacer corear a todos tres intensas palabras: We fear nothing. La catarsis vino después de unir las voces en ese decreto colectivo que se repitió al unísono más de cinco veces. Entonces, de la mirada de Scabbia destellaron abrazos de esos que no respetan distancias y se asomó un tono rojizo de esos que avisan de lágrimas.

La noche cerró con Our Truth y la promesa de volver que todos sabemos cumplirán. A Lacuna Coil y a sus fans mexicanos les sobran pretextos para volverse a encontrar, entre ellos se cocina esa especie de química que se extraña y sobre todo, la firme confianza de contar los unos con los otros, a Lacuna Coil no hace falta tratarlos como rockstars porque sí, son grandes, brillan e inspiran, pero te tocan con su música y se dejan alcanzar. Son ese espiral al vacío en el que no se teme tropezar porque sabes que vuelas, pero nunca caes.

Backstage

El 8 de mayo por la mañana se registró en la Ciudad de México un sismo de intensidad superior a los 6 grados Richter. Algunos fans que optaron por buscar la fotografía o la firma de la banda, los esperaban al exterior del hotel donde se hospedaban y corrieron con la curiosa fortuna de pasar esos segundos de incertidumbre con los italianos que fueron desalojados de sus habitaciones.

Además de convivir con ellos, la agrupación se tomó el tiempo de recibir regalos en el aeropuerto con otro grupo de fans que los despidió en su viaje rumbo a Brasil. Sorprendió escuchar a Cristina Scabbia identificando a algunos de sus seguidores tan sólo por los mensajes que le envían a su Facebook y la insistencia de ella por dejar en el muro del mismo, imágenes de su paso por nuestro país con leyendas como “ya los extraño, chicos”.