Por Karina Coss, Foto por Dilemma ©2014 Germán García

27 de marzo, Escena, Monterrey.

Las expectativas, las ganas y los cariñosos reproches por tantos años de “abandono” se vieron superados y complacidos durante los últimos jueves y viernes de marzo, cuando HIM, después de más de 8 años de no hacerlo, visitó México para presentarse en dos diferentes ciudades: Monterrey y el Distrito Federal.

El 27 del mes y tras una sufrida demora, los chicos finlandeses que habían parado un par de días antes en Houston, bajaron por el continente para comenzar así su paso por esos países del centro y sur de América, famosos por un público apasionado que disfruta de gritar, alborotar el cabello y brincotear cuando están frente a sus ídolos.

Aún cuando la agenda marcaba su arribo casi 24 horas antes, las condiciones climáticas de la ciudad ubicada al norte del país no permitieron que esto sucediera hasta el mismo jueves, cuando tras cinco cancelaciones de vuelos, llegaron a territorio mexicano.

Sorprendió que a pesar de ello, la actitud de la banda no estuviera dominada por el cansancio sino por una suerte de curiosidad sobre lo que les esperaba con el público mexicano, “ojalá que griten tanto como en Puerto Rico”, dijo alguien de su Staff que al tiempo hacía mención de lo difícil que había resultado llegar a Monterrey y de las ganas de que se notara que “había valido la pena”.

Entre neblina y temperaturas oscilantes, los fans estuvieron en fila desde un día antes en torno al “Escena”, recinto que los recibiría pasadas las 9 de la noche con uno de los setlist más completos de los últimos tiempos. La fila se fue incrementando al igual que los puestos de mercancía no oficial sobre la calle, pero el acceso se dio cuando ya moría la tarde.

La zona Preferente Especial, la Preferente a secas, los balcones, la general, las mesas VIP, todo, todo se llenó de energía y palpable emoción. La espera se disolvía segundo a segundo y el murmullo dejaba rescatar frases del tipo “no puedo creerlo”, “ya quiero verlos”, “no puedo creerlo”, “¿qué horas es?, “no puedo creerlo”, “¿ya casi empieza?”…

Y así, las luces avisaron la entrada de Gas, Linde, Burton, Migé y Ville Valo que, con una pieza instrumental de fondo, se posicionaron en sus sitios y se armaron con sus respectivos instrumentos.

Los estruendosos riffs de Buried Alive By Love desataron la adrenalina contenida de los primeros fans mexicanos que verían a HIM en su propia tierra, después de tanto tiempo y muchos de ellos, por primera vez.

Saltos, cabello sudado, brazos anunciando emociones liberadas, todo era entrega del público al escenario y viceversa. Vino Rip Out the Wings of a Butterfly y Right Here in my Arms con un acompañamiento vocal procedente de todas las localidades del lugar.

Ville sonreía a una que otra chica que le agitaba las palmas desde las alturas y se vio risueño cuando cayó sobre el escenario una prenda femenina que se notaba muy ligera, luego de ésa hubo otras animadas que arrojaron el sostén y lograron incluso que Ville les oliera de manera juguetona y mandara uno que otro beso por el aire.

Con The Kiss of Dawn y All Lips go Blue, el ambiente fue haciéndose todavía más cargado de efusividad, Burton en los teclados anunció Join Me in Death y a ésta le siguió Your Sweet Six Six Six. De entre las 19 piezas elegidas para la noche, resaltaron dos y si somos justos, una más que la otra.

La intermitente presencia de It’s All Tears en la gira norteamericana no aseguraba su inclusión en la lista para ser tocada la noche de Monterrey. Pero llegó y no sólo para hacer sentir especial al público regio, sino para anunciar una sorpresa todavía más impactante.

Nos adelantábamos a pensar que no había final más perfecto que When Love and Death Embrace en medio de luces blancas alcanzando cada rincón del Escena cuando HIM respondió a la súplica tradicional de “otra, otra, otra” con la pieza maestra de su trayectoria: Sleepwalking Past Hope.

Antes ya habíamos tenido un encore cuando Valo dijo que tenía que ir a “los baños” pero nadie esperaba que fuera a hacerlo nuevamente y mucho menos, que iban a volver con Burton de avanzada, Burton y su teclado solamente, para dejar sonar la mejor de las despedidas.

Doce minutos de rostros boquiabiertos y corazones inflamados, doce minutos donde muchos dejaron de lado la cámara o el celular y no solamente porque se les acabaran las baterías. Fue un gracias hecho canción extendida, un gracias de HIM en ese lenguaje que mejor les sale: la música bien hecha.

Así, la velada se apagaba con un gesto amable de Ville que se llevó sus palmas pegadas a la mejilla para, con una sonrisa dulce, decirnos que quería ir a dormir.

28 de marzo, Pepsi Center WTC, Ciudad de México.

Monterrey fue intimidad, Ciudad de México, locura. El amor tiene mil formas de expresarse y, si me permiten, diría que Monterrey podría traducirse como un largo y tierno abrazo añorado, mientras que la Ciudad de México fue un estrujamiento, un beso arrebatado.

Las proporciones del Pepsi Center son más grandes y por ello, resultaron adecuadas para recibir a personas de diferentes ciudades. Hubo también gente acampando desde la noche anterior y aunque a lo largo del día el sol estuvo implacable, se conservaron los ánimos con todo y sus negros atuendos.

Las puertas se abrieron a las 6:30 por la tarde y la víspera se hizo divertida gracias a la puntada de proyectar videos en las pantallas de entrevistas improvisadas a los fans más despistados, lo que generó risas, abucheos, carcajadas y comentarios de todo tipo y permitió sobrellevar de mejor manera la “tortura” de los conciertos generales en sedes de la capital mexicana.

La imperante necesidad por estar cerca del escenario convierte siempre a las personas colocadas de pie sobre la pista en un mar, en un vaivén de empujones, mismos que se superaron y les valieron la pena cuando comenzaron a sonar las notas de BABL.

El setlist no tuvo variantes respecto a la noche anterior, Poison Girl, Wicked Game, For You o Funeral of Hearts, fuera cual fuera la canción que sonara, a HIM no se le dejó de corear nunca.

Y ya fuera que Ville se enroscara en el brazo el cable del micrófono, Gas frunciera la frente, Mige se sacudiera las gotas de sudor por todos lados, Linde apretara los dientes o Burton permaneciera inmutable, el público gritaba, siempre gritaba y cantaba.

La audiencia no se cansó y la banda parecía contagiada de su energía. El propio Ville fue tras bambalinas a por un teléfono celular con el que grabó, de costado a costado, a los gritones mexicanos emocionados, dijo que eso era algo que tenía que, sin duda, mostrarle a su mamá.

El detalle llegó con Tears on Tape cuando la banda se vio sorprendida con un regalo de su público mexicano. El proyecto comenzó cuando el club de fans Heartabolikal Ciudad de México organizó y difundió vía redes sociales y con días de anticipación, una actividad para hacerles llegar un mensaje.

Se imprimieron cientos de globos blancos con la leyenda “Kiitos” (gracias en finés) y los símbolos malachin de Tears on Tape que se repartieron el día del concierto en la fila, con la firme petición de elevarlos en esa canción.

Apenas comenzó a sonar esta pieza del disco homónimo, fans de aquí y de allá inflaron sus globos y se los mostraron, de cerca, de lejos e incluso desde los balcones de las alturas, entonces Ville nos regaló un rostro sorprendido, su mirada engrandecida, sus labios apretados, un aviso de suspiro y una gran sonrisa.

Cuando Tears on Tape terminó, fue Ville quien pronunció ese “Kiitos” y los globos volaron por todos lados para dejar el lugar impregnado de agradecimiento, de amor, de sentimientos y de una petición: que regresen pronto.

Ville presentó entonces a la banda y en español, al “guitarrista”, al “bajista”, “al baterista” y, con un poquito más de dificultad, al tecladista. Bromeó con ir a tomar una siesta y regresar para seguir tocando, repitió en varias ocasiones que estaba frente a un público realmente maravilloso, les dijo “te amo” y dejó ver por ahí las intenciones de no volver a tardar tanto para regresar.

En tanto, la banda hizo gala de la calidad en sus ejecuciones, Mige y Linde deleitaron con su forma de acoplarse en las cuerdas, la concentración de Linde en la guitarra y la insistencia de Mige al bajo buscándole la cara. Gas preciso en la batería dando soporte y ritmo y Burton, sonriente, único, discreto y majestuoso en su solo de SPH.

Por ahí dicen que los sueños largamente acariciados son los que más se disfrutan cuando se materializan, y sí, México es famoso por ser apasionado y eufórico, en México se llora de felicidad y ahora HIM lo sabe, porque se llevó los rostros de sus fans con sonrisas saladas pero de emoción, de alegría.

México se merecía esa interacción, HIM se debía esta experiencia. A nadie le hizo falta nada, fueron setlist dignos de festival de fin de año, fueron públicos a la altura de las expectativas. Fueron abrazos de todos con su pasado, con la historias que han marcado sus vidas mientras suena HIM, fue la construcción de nuevos recuerdos hacedores de sonrisas para soportar otra espera que, confiamos, no volverá a ser tan larga.