Por Karina Coss/Fotografía Guacamole Project Tomada de Eyescream Productions

Hay gestos que nunca se olvidan y que por el contrario, se agradecen, por auténticos. Hay quienes cantan por cantar cuando tienen que presentarse en vivo y hay quienes con buen humor y actitud te introducen al menos a lo que será la siguiente pieza con un insípido «y la siguiente canción se llama Tal». Lo que hizo la noche del 9 de marzo Cristina Scabbia, vocalista de la banda italiana de metal Lacuna Coil, fue único, fue diferente.
El encuentro entre los italianos y su nutrida y perseverante base de fans llegaba a su fin cuando Scabbia tuvo el detalle de ofrecer Intoxicated, una de las elegidas en el setlist de la noche, como una oportunidad de venganza. Al centro del escenario, la chaparrita cantante reflexionó sobre los claroscuros del amor y con esa voz que sale de su boca y va directo a tu cerebro, habló.
Todos sabemos que el amor es algo bello y dulce pero también sabemos lo que puede llegarte a herir si esa persona a quien amas tanto te lastima, te maltrata. Palabras más, palabras menos, el mensaje que lanzó Cristina a sus atentos y silenciosos espectadores fue que les regalaba esa canción como una especie de venganza, una oportunidad de gritar y sacarse cualquier dolor de las venas, reciente o añejo.
Como esa intervención, Cristina y su compañero en las voces, Andrea Ferro, tuvieron varias. Llamaron a la audiencia a corear con Heaven’s a Lie sus deseos de libertad; por ejemplo y con End of Time invitaron a sentirte a la deriva, en un automóvil sin rumbo ni dirección pero con el acelerador bien presionado y la compañía y casi comprensión de esa baladita salpicada de confesiones de amor eterno.
El sofisticado Plaza Condesa se llenó al final del día, las puertas se abrieron en punto de las 6:00 de la tarde y poco a poco, hasta los espacios más recónditos fueron ocupados por seguidores de la banda que sabían que no verían un show muy distinto al que ofrecieron apenas hace unos meses en el Lunario del Auditorio Nacional.
La lista de canciones apenas varió respecto a aquella fecha pero jugó a ser sorpresiva con un preparado set acústico que incluyó Falling Again, Closer, Within Me y Shallow Life, lo que colocó como principal atracción la voz de Cristina que seguro llegó con la misma fuerza a los que se ganaron la primera fila que a quienes prefirieron ver el concierto, abrazados, en un rincón y de lado a la cabina de sonido.
La voz de Cristina es tan potente que en su punto más sublime se vuelve suave, edulcorada y abrazadora y aun con todo eso, cuando la gente grita su nombre ella los manda a callar y les pide que griten ¡Lacuna, Lacuna, Lacuna! con un tono en su voz entre tímido, regañón y modesto.
Lo que es cierto es que la noche de anoche, el público no parecía tener ganas de impresionar a la agrupación, entre la banda y sus seguidores se dejó sentir algo así como por lo que deben pasar las relaciones tan consolidadas que se les olvida un poco decirse cuánto se aman. Scabbia no quiso irse con esa sensación y en un punto del concierto no perdió la ocasión para reclamar: México, hemos tocado aquí y los recuerdo como los más ruidosos de todos.
Ante tal provocación los puños se levantaron para romper el aire y las gargantas se abrieron con Spellbound, canción con la que dieron paso al tradicional encore que tuvo la particularidad de hacerlos volver con tres canciones más de la vieja escuela de Lacuna Coil: No Need to Explain, To Live is to Hide y My Spirit.
Dos horas en total fueron las que compusieron esta muestra de maestría de los italianos, 120 minutos en los que todos portaron la misma camisa como uniforme pero que hemos de aceptar, lució mejor en Scabbia que la hizo acompañar de un ajustado pantalón con transparencias a los costados de sus torneadas piernas que no dejan a quien la ve, dudar sobre todo el ejercicio que una metalera como ella hace recorriendo los cinco continentes del planeta de concierto en concierto.
La gira Dark Legacy llegó así a su fin en los países de Latinoamérica, como bien corrigió Andrea a su compañera cuando en su lugar ésta había agradecido a Sudamérica por el cierre del tour. Las lecciones de geografía del italiano de cabellos relamidos y voz raposa sólo causaron gracia a la segurísima Scabbia que, se nota, puede perdonarle ese tipo de bromas a quien, como el resto de su banda, ha sido su compañero de vida por ya 15 años.
Los 15 primeros años de cien más que quieren compartir, dicen, porque se les nota tan experimentados como innovadores, tan divertidos como serios en lo que han aprendido hacer, y se les nota una cualidad que pocas bandas pueden proyectar, inteligencia.
No sólo han sabido darle dirección a Lacuna Coil mezclando los vigorosos y nunca ausentes riffs de guitarra con las seis pesadas cuerdas del bajo o la batería que da el ritmo al baile de cabello de sus cantantes, han sabido valerse de las personalidades fuertes y de líderes de Cristina y Andrea, sin protagonismos, con completo conocimiento de quién tiene que hacer qué para hacer caminar y bien a una banda que con esa fórmula, repetida por muchos, destaca de entre tantos por caminar no sólo a los lados, sino para adelante sin dejar de mirar atrás para no olvidar sus raíces.
El Setlist:
- I Don’t Believe in Tomorrow
- I Won’t Tell You
- Kill the Light
- Self Deception
- Heaven’s a Lie
- To the Edge
- Senzafine
- Swamped
- Fragile
- Acoustic
- Falling Again
- Closer
- Within Me
- Shallow Life
- Our Truth
- Upsidedown
- End of Time
- Survive
- Intoxicated
- Trip the Darkness
- Spellbound
- To Live Is to Hide
- No Need to Explain
- My Spirit
Y los teloneros…
Acotación aparte merece que la productora Eyescream haya puesto a votación a través de su cuenta de Facebook un listado de nombres propuestos por el mismo público para ver a quiénes querían ver telonear el concierto de Lacuna Coil.
Los encargados esta vez fueron la agrupación mexicana Driven que con una voz femenina y regia al frente mantuvieron apacibles a los asistentes. La propuesta suena fuerte en sus bases, un rock poderoso en la batería y el bajo e intervenciones de guitarra bien colocadas.
Sin ser estrictos en las letras que pocos pudimos desmenuzar al ser ésta nuestra primera vez, la intención de Driven convence quizá a 3 de cinco dejando a los dos restantes con las cejas levantadas pero sin descalificar por completo a una agrupación que suena limpia en el fondo y a la que se le agradece portar el estandarte de sus influencias sin caer en la cínica imitación.

