Por Karina Coss/abril 2012/Fotografía: Guacamole Project

Incluir a México como uno de los primeros escenarios para probar el poder de su «Dark Adrenaline» fue una las mejores ideas que pudo tener Lacuna Coil. Nadie que haya estado en el Lunario del Auditorio Nacional el pasado 29 de marzo podrá negar la alteración química en su sistema nervioso a causa de una potente dosis de rockMade in Italy.
Luego de la apertura de la banda mexicana Trágico Ballet, el fondo musical de “I Don’t Believe in Tomorrow” dio paso a la alineación encabezada por Andrea Ferro y Cristina Scabbia que magistralmente llevaron a su multitud desde ese momento a disfrutar de cada pieza elegida para el setlist de esa noche.
Noche especial a decir de la propia Cristina, quien presumió el desempolve de su vestido con rojos detalles orientales para ser usado ante uno de sus públicos favoritos, el gesto lo agradecieron sus seguidores, que en gritos mayoritariamente masculinos trataron de transmitirle en todo momento su admiración. Ése fue uno de los tres cambios de vestuario que portó la cantante próxima a cumplir 40 años que nadie le adivina.
«I Wont tell you» y «Kill the Light» dieron continuidad al repertorio y al primer saludo de la banda con el público que enseguida fue cordialmente invitado a corear la casi balada en lengua italiana «Senzafine». Lo que siguió fue la emoción al unísono tras identificar uno de su más sonados éxitos “Heaven’s a lie”; “Self Deception”, “Not Enough” y “Entwined” completaron el bloque de canciones que sin llegar a la mitad del recorrido ya cumplían la misión de poner a todos a agitar la cabeza, las manos y las cámaras desesperadas por capturar momentos.
Las voces de Ferro y Scabbia embonan con perfecta alquimia y el resto de la alineación da a la banda lo que ésta necesita para destacar como una orgullosa representante de ese metal caprichoso que no se etiqueta en algún subgénero. Lacuna Coil puede describirse sólo como Lacuna Coil y si le damos crédito a lo que saben lograr en vivo, la frustración es más al no poder encasillarlos.
El concierto ofrecido a un reducido grupo de Coilers –término con el que Scabbia gusta denominar a sus fans– se extendió por casi hora y media. Incluyeron canciones de su última producción discográfica como “Give me Something More”, “Upsidedown” y el primer sencillo “Trip the Darkness”, y para que no hubiera lugar a quejas de los nostálgicos no faltaron piezas como “In Visible Light”, “To Live is to Hide”, “No Need to Explain” y la colosal “Our Truth”.
En contraste con el emotivo momento del cierre en el que dedicaron al fallecido cantante de Type O Negative Peter Steele una sentida interpretación de “My Spirit”, hubo momentos de completa y cómplice adrenalina desbordada con “Spellbound”, “Swamped”, “To the Edge” y “Fragile” con la que Cristina aprovechó para orquestar desde el escenario un multitudinario brincoteo al ritmo desenfrenado de su voz gritando “jump, jump, jump”.
Así, las guitarras de Cristiano Migliore y Marco Biazzi espléndidamente acompañadas por el bajo de Marco Zelati y la batería de Cristiano Mozzati, disintieron con sus caras concentradas, pero coincidieron, sin duda, en la entrega puesta en cada acorde bien logrado.
La actuación de Ferro y Scabbia al frente no dan espacio a reclamos. Scabbia pasa de la dulzura en algunos tonos a la fuerza de los gritos y todo lo hace con la potencia indicada, con la actitud impecable. Es una artista que se mueve con cadencia disimulada y determinante fuerza sobre el escenario, que no le teme al headbanging ni a los saltos descontrolados y que igual sigue afinada aún después de despeinar su larga y oscura cabellera.
Cristina es grande siendo tan pequeña. Abre su mano izquierda constantemente mientras con la derecha sostiene y maniobra con el micrófono, con su palma parece tomar las ganas de su público para llevarse en la memoria los recuerdos de lo que logra en cada concierto.
Lacuna Coil dejó la promesa de volver pronto, a la gira le siguen fechas por América pero creer en su retorno no será difícil, a estos italianos los une a México más que una coincidencia en los colores de sus banderas, les une la música y las ganas de viajar por los matices de la oscuridad, surfear a través de la luz y disfrutar cada instante del recorrido.
