Por Karina Coss/enero 2012/Fotografía: Warp

Más que azul o gris, la mirada de Amy Lee es transparente. Le gusta sonreír con los ojos antes que con su boca y lo hace con insistencia estando arriba del escenario. Su mirada tiene la capacidad de transmitir varias emociones por minuto, te habla de amor, de gratitud, de madurez, de entrega y de felicidad, sí, felicidad aun cuando canta las canciones más tristes.

Si hay otro instrumento del cual se vale es, naturalmente, su voz y las melodías que con sus dedos teje en el piano mientras crea muecas que la hacen parecer una muñeca destellante de dulzura y fuerza.

La noche de ayer, alrededor de siete mil personas presenciaron la segunda de tres fechas que Evanescence agendó en su gira mundial para México. El Auditorio Telmex de Guadalajara fue la sede que convocó a fans veteranos y novatos de la agrupación estadounidense que lleva en su historial tres discos de impacto comercial y más de una década de darle música de fondo a la vida de muchas personas.

«What You Want», pieza con la que dieron a conocer su último álbum homónimo, fue la elegida para sacudirles el cansancio a los apasionados fanáticos que llegaron desde temprana hora al aislado y moderno recinto de Jalisco, algunos desde otros estados de la República.

Así, en punto se las 10:00 de la noche inició una velada inolvidable para quienes desde 2007 esperaban el regreso de su banda favorita. “Going Under” dio continuidad al recital y a estas alturas el ambiente estaba bastante acondicionado para no parar de disfrutar el setlist que en su mayoría se compuso por piezas de su disco más reciente como The Other Side, Esare This, Sick, Never Go Back y The Change.

Con Made of Stone, Amy Lee completó lo radiante de su apariencia. Además de la colorida falda con retazos de tela que portó con un ajustado corset, el escenario se adornó con movimientos de su larga y oscura cabellera y una actitud fuerte acorde a la interpretación de esa letra que presume de independencia y hartazgo de los juegos amorosos mal habidos.

No faltaron las clásicas como Weight of The World, Call me When You’re Sober o Bring Me To Life, donde las voces masculinas reunidas jugaron a completar el dueto del sencillo que colocó a Evanescence en el conocimiento y gusto de la gente cuando su alineación era completamente distinta.

My Last Breath e Imaginary fueron otras que quizá no todos esperaban pero que sorprendieron a la audiencia con un sonido potente dirigido por la figura de una Amy deslizándose con su hombro izquierdo libre y su par de botas góticas.

Su actual sencillo en promoción “My Heart is broken” fue parte del repertorio que Lee interpretó al centro del escenario en un piano que subía y bajaba para anunciar las baladas de la noche.

Fueron esos, quizá, los momentos en que las ganas de cantar se apagaban para dejar a Amy dar rienda suelta a las odas melancólicas que hicieron temblar las miradas de más de uno, Lithium y My Immortal son y serán quizá durante toda su carrera, dos de las canciones más fuertes y significativas que Lee haya logrado.

Pero fue “Swimming Home”, –el track con el que cierra su disco– la misma que se encargó de despedir el concierto. Así, Terry, Will, Tim y Troy, acompañaron a la voz de Amy que, en una suerte de canción de cuna y embelesamiento al piano se despidió de su público mexicano sonriente y satisfecha.

Amy mira al techo del alto auditorio, saluda con la mano a quienes estan cerca de su espacio, su territorio, el escenario donde baila y deja a todos ver la madurez que ha alcanzado como músico.

A veces, cuando canta, mira a la nada más de dos segundos y apenas y se adivina qué es lo que pueda estar pensando. Esos momentos bastan para que sus fans sonrían, se saben compartidos de la calidez de una mujer que ha crecido en muchos aspectos y que aun se sigue compartiendo con la gente que en ella ve una constante inspiración. «Los extrañé», dijo en algún momento de la noche y todos parecieron contentos de haber sentido lo mismo todo este tiempo.