Karina Coss/Mayo 2011/Fotografía: Fernando Aceves

“Hay muchas cosas plásticas en este mundo de comida rápida, hay mucha oferta de bandas, pero si buscan algo real… eso es Negative”, declaró Jonne Aaron, vocalista de dicha banda finlandesa, en una entrevista realizada días antes de que él y sus compañeros de grupo llegaran al Lunario del Auditorio Nacional el pasado 14 de mayo para ofrecer lo que fue una especie de recital VIP, íntimo, acariciador, suave y fuerte, lleno de complicidad.

Y es que si hablamos de que ahí dentro no había más de mil almas, queda claro que el esfuerzo de estos nórdicos por cruzar el Océano y canjear su frío clima por las altas temperaturas de la Ciudad de México, nada tuvieron que ver con el negocio, vinieron a regalarle a sus seguidores una noche de luces neón, una noche de gritos y lágrimas, de movimientos glam rock, de ambiente ochenteramente moderno.

Mientras media ciudad se masificaba en conciertos U2nianos, un grupo selecto de adoradores de Negative llegó desde temprano para rendirle honores a esta banda finlandesa que desde 1997 parece ir contra su propio nombre, los tipos irradian luz y positividad, pero que con esto no se malentiendan las cosas, la melancolía heredada por sus raíces nórdicas la llevan en cada nota, melancolía que enamora, que seduce, que igual te estira la cara con una sonrisa, que te la dibuja con arrugas de nostalgia.

Larry en la guitarra –quien tiene un tic con el que parece sugerir cómo mastica la música–, arrancó con los primeros acordes de No One Can Save Me Tonight, corte de Neon, el último disco de NGT que sirve de pretexto para esta gira y que los coloca en la escena musical con una madurez indiscutible.

La atención acaparada por Larry se fue en segundos cuando Jay, el baterista de cuerpo de gladiador salió a levantar las baquetas y retumbar su instrumento para dar paso a Antti (bajo), Snack (teclados) y al rubio más esperado, Jonne (voz), quien enseguida arrancó gritos histéricos de la fanaticada.

Le siguieron The Moment of Our Love, Givin’ up, Fading Yourself y My My, Hey Hey, con la que las manos se alzaron para corear un estribillo tan simple como lúdico. After All, In My Heaven y End of the Line completaban el repertorio, esta última todo un himno para saludar a las despedidas “Hello my goodbye, I’m taking what’s mine, So I’m stopping the memories”, clamaba el vocalista mientras andaba con su par de botas brillantes y rosadas, con esa letra tan convincente como inspiradora que trata de dejar atrás los pasados dolorosos.

Con esta canción ya mucha audiencia controlaba la piel chinita con esfuerzos, y apenas y hubo respiro a cargo de un ensamble de guitarra y teclados para que el atractivo Jonne saliera guitarra en brazos a aventarse una serenata lacrimógena compuesta por Still Alive, Jealous Sky y Frozen to Lose It All.

“Apaga las luces si no quieres verme morir, aquí sigo, peleando, no me rindo”, era la advertencia de una de esas piezas la que se mezclaba con cielos conflictivos e infiernos elegidos, con celos e incertidumbres, con paraísos soñados, memorias insistentes, amores perdidos y punzantes necedades. Todo eso con solamente una guitarra acústica y una voz que abrasa hasta al corazón más roto y congelado.

Fue el momento de la batería para despertar el alma acongojada pero comprendida, luego llegó Lust N’ Needs, Planet of the Sun y el coro de “otra, otra, otra” que convenció a los finlandeses de salir con bandera mexicana a brincotear con Love That I Lost, Days I’m Living For y Won’t Let Go como pieza final.

De esa manera y con una serie de reverencias, fue como Negative se despidió y le mostró al público mexicano su gratitud, ya antes Jonne había dicho con notable sinceridad que no encontraba las palabras para expresar lo que sentía esa noche, se tocaba el pecho, sonreía con su par de ojos celestes, apuntaba una y otra vez: “yo sé que se los dicen seguido pero, ustedes son la mejor audiencia que se puede tener”.

Y sacaba su iPhone blanco para tomar fotos de las chicas en hombros, de los chicos vestidos de negro, de los aplastados de la primera fila, de las niñas que vinieron de Oaxaca, de las féminas desesperadas por llamar su atención, tomaba y tomaba fotos: “es que si no, en Finlandia no me van a creer”, comentaba con ternura apabullante.

Y su emoción le hizo temblar las pupilas, le enrojeció la mirada, con lágrimas sonrió y abrazado de sus compañeros de banda, se puso de espaldas para que todos, ellos y los menos de mil asistentes, saludaran a la cámara, juntos posaron en una foto grupal, en un abrazo real de un recuerdo de la noche neón, de una promesa de volver, de una experiencia que pocos regalan en este mundo de comida rápida, de fama regalada, de rockstars que miran para abajo, de música hecha mercancía.

Jonne no mintió, “si buscan algo real… eso es Negative”, lo dicho.